viernes, 12 de octubre de 2018

Aquella casita amarilla


Lloró en tempestad, 
también en calma.

Olvidada, lloró a la Ausencia
su muerte
y la distancia.

A veces con compañía, 
y siempre con Soledad.

Lloró adioses
y a Dioses.
Al miedo, 
sus nervios
y la Promesa.

Aquella casita amarilla 
lloró tanto y tan diverso,
tanto y por nada...

Que, consumida y con su vida,
lloró lento y también deprisa.
Lloró poemas
y, por llorar,
lloró hasta sonrisas.