jueves, 7 de mayo de 2015

Los medios de comunicación en la encrucijada del World, Wide, Web

[Ensayo para la asignatura Epistemología de la comunicación]

         Como modo de dar respuesta al roll que asumen los medios insertados en la trama de la Sociedad del Conocimiento, Albert Gore propuso el término de “Autopistas de la Información” a la red que permite la trasmisión de Conocimiento de forma compartida y consumida en todo el ciberespacio, por los mismos usuarios. Y se empleó para crear espacios de vinculación social, económica, tecnológica y de mercados. Espacios que, en su concepción academicista, tratan de dar respuesta al “ecosistema de habitación” en su versión más cibernética: “terceros lugares de encuentro”; donde se interactúa con una visión universalista. El tercer lugar surge de forma espontánea y libre como un lugar de encuentro no promovido ni por las grandes Estructuras Sociales ni por la propia “mediatez” de las personas cercanas. Un lugar donde los medios pueden confabularse como conspiradores junto a la sociedad civil y sus poderes en clave ciceroniana: el juego social debe dar suma positiva.

Tomándomelo al pie de la letra, he decidido ponerlo en práctica y confiar en la mente que todo lo sabe, Internet, lanzándome a la aventura de llamar a su puerta para ver con qué me sorprendía. Esta vez, entre café y café, en esa habitación de encuentro, le he preguntado por él mismo, por su alcance, por el concepto de “Aldea Global”; así, sin anestesia. Y el primer resultado que me ha ofrecido –debo decir que con toda su dedicación– ha sido la página de Wikipedia; en la que, con su más pronta exactitud, y paciencia, pretendía explicarme lo que el término viene a referirse. Luego ya, como segunda opción, me ha recomendado leer un artículo… Algo así que va de un tal llamado M. McLuhan, sobre el fenómeno que él mismo acuñó “Aldea Global”.

Y me fío de esa mente que tiene Internet, sabia en su apariencia pero, antes de escoger su consejo, he considerado oportuno preguntarle qué es la Wikipedia y por qué me la ofrece siempre como primera alternativa. Entre sorbo y sorbo, mis instintos curiosos se han cuestionado cómo será que se describe así misma “la boca que no calla”; y poniendo lo que puede parecer obvio, he escrito Wikipedia Wikipedia: “enciclopedia libre, políglota y editada colaborativamente”. La sociedad misma convertida en letras. Y es irónico pero, ¿por qué no confiar en esa página –sociedad– en la que sembramos todos para recoger –y compartir– todos?

Para reflexionar sobre el término “Aldea Global” veía adecuado hacerlo antes con aquello que me lo explica, en su propia mecánica de retroalimentación. Dícese de la expresión, según esta fuente “fiable” que ofrece Internet, como aquella que “busca describir las consecuencias socioculturales de la comunicación inmediata y mundial de todo tipo de información, lo que posibilitan y estimulan los medios electrónicos de comunicación”. Así es que el concepto acuñado por M. McLuhan es el propio Internet en su efervescencia, la “Aldea Ciberespacial” representa el peligro de la inmediatez de la que ahora se aprovecha el mensaje. Así, los actuales profesionales de los medios juegan con este punto –fuerte o débil, según cómo se mire– en el modo a desentrañar dicho comunicado. Este “aquí y ahora” está generando la impaciencia responsable de formar sociedades interesadas, donde el estado de bienestar económico prima sobre el estado de bienestar social. Importa más el “tenerlo” que la “calidad”. Y no es que este “aquí y ahora” pueda concebirse únicamente como la impaciencia que supone algo negativo. El “aquí y ahora” puede verse en sentido inverso y concebirse con la positividad de la prudencia. Los medios de comunicación deben decantarse por esta segunda opción considerando que,  sin poder prever el efecto que provocan sobre la dimensión pública, el hecho de emitir un mensaje masivamente implica “compromiso” por parte de los profesionales de esta industria. La cultura cambia por su efecto e influencia. Por lo tanto, deben emitir desde la dimensión política de fijar unos bienes comunes, unos pensamientos que afiancen un modelo, que hagan sólida e inamovible la propia cultura.

La comunicación “queda seriamente afectada por intereses económicos e ideológicos, con estrictas rentabilidades a corto plazo”[1], identificando equivocadamente con rentabilidad económica e ideológica, como decente, aquello que logra grandes audiencias. De este modo, queda “incapacitada para desarrollar y promover inequívocamente los hábitos de decencia propios de los terceros lugares”[2]. La posible solución es “dejar de imaginar las cosas según esquemas presenciales sincrónicos, de redes, relaciones y estructuras puramente espaciales, y adoptar un esquema que tiene el aspecto básico de proyectarlo temporal, en el que las estructuras del ahora tienen relevancia en la medida en que son una plataforma para preparar el futuro”[3]. Al fin y al cabo, la comunicación está al servicio del servicio.

A propósito de la “Torre de Babel” descrita por J. Habermas como metáfora de la maldición Divina que condena a la Sociedad a no poder entenderse aunque todos los individuos opinen, Internet da pluralidad de conceptos sobre el mismo hecho para que cada interlocutor lo entienda de manera diferente. Valora la “pretensión de validez” como el esfuerzo que hace el hombre para encontrar las causas con las que comprender el mundo y emitir  acciones comunicativas con cierto sentido común y racionalidad. Cabe esperar a los medios de comunicación como herederos naturales que puedan y deban constituirse como decentes “terceros lugares” donde germine la solidaridad; que den vigor a la vida social democrática, si conocen y hacen justicia a estos asuntos con naturalidad[4]. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, emergen, “en los nodos” de la Red, los “lugares preferentes”; donde sólo tienen acceso racional los propios estudiosos del Ciberespacio. Sería deseable que los profesionales de los medios interactuasen instalándose en ellos con la responsabilidad social corporativa que ello supone.





[1] Juan José García-Noblejas, Medios de Conspiración Social, Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA), Navarra, 2006, p. 59.
[2] Íbid. Cfr. p. 60.
[3] Íbid.
[4] Íbid. Cfr. p. 62.