jueves, 26 de marzo de 2015

El reto incuestionable

[Ensayo para la asignatura Epistemología de la comunicación sobre el libro Comunicación y mundos posibles: ¿Por qué la función poética es también racional?]



            “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”. Este comienzo de la novela universal del Caballero de la Triste Figura, pretende ironizar el lugar donde se desarrollan los hechos de un mundo irreal, que el hombre puede crear y validarlo como real. Cervantes quiere mostrarnos otro mundo idealizado en la creatividad de la mente de Don Quijote, y proyectarlo como real si el interlocutor así lo considera. Estamos invadidos de conocimiento dejándonos arrastrar por él. Bueno es recordar este mensaje universal de soñar con otros mundos idealizados, donde los conceptos de la verdad, la bondad, la belleza, el amor y la valentía honesta, como valores imperecederos, se encarnan en este personaje.

            El gran desarrollo de los medios de comunicación tradicionales interactuando en la nueva era multimedia, se presenta como un mecanismo fácil para tejer una trama de otros “mundos posibles” con los que nuestro periódico, emisora de radio o cadena de televisión nos hechiza y fagocita. Podemos autocomplacernos en interpretar a ser un consumidor pasivo, lector, oyente o espectador, conscientes o no, de que la supuesta realidad, nos absorberá con su “inteligencia” y nos dejará absortos y sumidos en sus historias “probables” de bestias y dragones. Porque la vida, con sus “andares de princesa”, puede presentarse ante nosotros como si fuera un videojuego, o en líneas de frases que parecen querer contarnos algo, como en un relato. O a modo de película, con sus personajes y sus “movidas”. Podemos concebirla como una canción, con sus causalidades y casualidades. Las palabras que aparecen en ella han debido nacer para que el destino las ponga coincidiendo en los versos pares. Y ante nosotros, esa melodía que ha nacido “encajada” suena hasta con cierta gracia, cuando no nos toca cantarla. Los molinos de viento manchegos eran realmente monstruos gigantes.

            Ante nosotros, “astutos” personajes de la historia, se ha abierto una brecha: la brecha del ocaso, que ha roto con los viejos paradigmas de la comunicación. Los medios han pasado de ser espectadores y contar la realidad “en términos de objetividad”, a su gusto por la “interpretación”. “Hoy resulta algo difícil entender que los medios de comunicación pudieran ser vistos como meros testigos que cuentan sólo lo ya pasado”[1]. “El panorama actual gira –por el contrario– en torno al creciente protagonismo social de los medios como “actores” sociales más o menos parciales en la vida de la sociedad”[2]. Ahora, la nueva tendencia, ya no solo están llamados a “contar” sino que, bajo su responsabilidad, “crean” esos “mundos posibles”, marcos difusos y abstractos, con los que invitan a compartir escenario a la sociedad. De esta manera, se están instalando en el cosmos donde habitamos como protagonistas de la Historia, olvidando que Ésta, como ciencia del cambio social, tiene sus propios axiomas. Así, en la medida que están dejando de ser testigos fidedignos de la vida social para convertirse en actores influyentes, provocan en su propia semántica una crisis de identidad, en paralelo a la crisis de confianza que generan en los usuarios como consumidores pasivos de información.

          Acabo por donde empecé. Aquel lugar de La Mancha se ha convertido en una aldea global donde vivimos, convivimos e interactuamos. Poética y racionalidad como expresión del colectivo, conviven e interactúan al mismo grado. Y es en esta aldea global donde los medios tienen que profesionalizarse en lo que realmente deben ser, no en vano su destino universal es la defensa y respeto de la Dignidad Humana, poniéndose a su servicio con los mecanismos que les son otorgados del libre mercado, la democracia, la información y el sano entretenimiento, sin interferir en la vida comunitaria más allá de sus propias percepciones; dando respuesta al principio holístico universal que rige la historia de esta aldea: “todo lo que ocurre en una parte del planeta, no permanece indiferente al resto del universo”. Esta es la gran responsabilidad de los medios y su reto incuestionable.




[1] Juan José García-Noblejas, Comunicación y mundos posibles, Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA), Navarra, 2005, p. 180.
[2] Íbid. Cfr. p. 181.


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