martes, 17 de noviembre de 2009

Más allá de la imaginación

Relato escrito para el concurso Crea tus textos
Fundación Coca-Cola, 2009

El canto de las ballenas jorobadas me despertó. Sentí el agua fría mojando mis pies y los fuertes rayos de sol quemando mi cara. Estaba viva. Sólo recordaba la fuerte tormenta y la carabela que se había hundido y me pregunté qué había sido de mis tripulantes.

Tras un buen rato caminando, buscando un lugar alto desde el que ver el mar, escuché un fuerte murmullo. Conforme me adentraba en el bosque, unos cantos tribales me envolvieron. Al fin llegué y, escondida tras un árbol, pude disfrutar del espectáculo. Hombres, mujeres y niños danzaban y cantaban golpeando sus tambores con fuerza. Ellas llevaban faldas hechas con hojas y collares de piedras preciosas; ellos, unos trajes de pieles. 

Tenían rayas de colores pintadas a ambos lados de la cara y plumas en la cabeza. Ensimismada, tropecé con una rama y me caí. El ritual se paralizó y un viejo indio se abrió paso. Quitándose una de las coloridas plumas, se acercó hacia mí y me la entregó. El indio, cuyas largas tranzas blancas hacían relucir su tez oscura, me señaló con el dedo al tiempo que decía «yu… yu…».

Fue así como conocí a los Yuyumayos y, con ellos, la isla Gorgona. Me enseñaron sus bailes característicos, aprendí su idioma (por lo que pude entender que yu significa tú), y enseguida me deshice de mi ropa para sentirme como una más.

Al principio, subía todos los días al cerro, al que llamé el de La Esperanza, pensando que algún día un barco me rescataría. Con el paso del tiempo, asumí quedarme aquí. Ahora, sentada en el mismo sitio donde llegué hace tanto tiempo, envío este mensaje en una botella para que, si alguien lo encuentra, sepa que existe un paraíso que escapa a la imaginación.


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