lunes, 21 de octubre de 2019

El tránsito


En la pasarela de la vida habita la jungla humana donde confluyen rumbos predestinados. Su tránsito se revela como la medida atemporal del tiempo. Mientras tanto, amanece y anochece puntualmente.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Si tú supieras - microcuento


sábado, 14 de septiembre de 2019

Diario de una mente suicida II

Episodio 2: 14 de septiembre de 2019 - Llueve Dios

Al amparo de la sombra de mi pena
promulgo este fulgor
que ruge para ti, centinela
suplicándote redención

No me grites por el pecado
Atiéndeme por el ardor
de un corazón que promulga alas
No me culpes por la intuición

Bendito, si hubiera sabido
que las bendiciones venían con voz
hubiera confesado antes para escucharlas
para buscarte aún sin razón

miércoles, 31 de julio de 2019

A flote sin salvavidas

Fueron tantos los dimes y diretes que confundieron al Ayuntamiento con la Iglesia. 
—El alcalde no escucha nuestras plegarias —gimoteaban.
—Que no, mujer, que es eldelbar, que quiere coger también el chiringuito de las piscinas y no da abasto.
Ellas le llamaban chiringuito porque en sus mentes disfrutaban de un viaje programado en Torrevieja, pero era el pabellón de usos múltiples del pueblo. “La cuadrillita” lo había elegido de nuevo como escenario salvavidas para mantenerse a flote. 
En la «zona húmeda» una barra con estantes de patatas fritas y la carta de helados simulaba hacer las funciones de bar. Enfrente, otra barra incrustada en la «zona de secano» servía para apoyar vasos, codos resecos y miradas apáticas. Allí, los genuinos del pueblo se refrescaban la vista con las siluetas celulíticas de las forasteras que lucían palmito en «zona ajena».
Con ambos mostradores en funcionamiento, quedaba oficialmente inaugurada la temporada de los calores. Por fin se abrían sus puertas resolviendo el misterio que había tenido a Las Eternas días de resaca sin dormir: el pueblo no encontraba socorrista que quisiera prestarse a bucear entre tanta preciada sirena. 
—Pues me han dicho que es un chiguito jovencito, maja, de unos veintipocos. 
—¡Pero si es el hijo de ladelmercadona
—Cómo. Va. A ser. Ese —Ante tal aseveración, ninguna más se atrevió a opinar.
Tentaba la canción de Radio Futura con su «ven a la escuela de calor». La banda sonora que las embriagaba también provocaba con un «arde la calle al sol de poniente y hace falta valor».Valor es lo que les sobraba. 
Con actitud firme y aires de grandeza, sólo ella podía aparecer entre el marco de la puerta: Lamaricielo y su melena rubia al viento. La seguían las «amiguísimas»: Laloles y el resto. Oculto y vigilante, tras la barrera de setos, se improvisaba con hamacas plegables El Altar.
—Amigos en común no tenemos porque en el feisbus no me aparece —¿Pero cuándo le habían hecho falta a María del Cielo ‘amigos-disculpa’? Aquella mañana estaba sexy a rabiar con un biquini negro y marrón combinado con un provocativo pareo fucsia y sus forever and ever manoletinas de charol roído. 
A unas seis toallas de ella, el desparpajo de María Dolores no perdía el tiempo con destapes.
—A ver, guapo, ¿no tendrás un mechero para encender el cigarro? Quepodríasertumadre —Aclaraba situaciones para evitar malos entendidos.
—¡Cómo va a fumar un chico tan deportista, Loles! —Ay, amiga, ardua, veloz y avispa, a María del Cielo never se le escapaba un ángel.
«En las piscinas privadas las chicas desnudan sus cuerpos al sol». 

María Macarena, María del Clavel y María Purificación se hacían las duras con los hombres y tostaban sus cuerpazos a la parrilla. 
Lamaca seguía siendo más de incordiar y menos de darle a su cuerpo alegría y macarena. Prefirió quedarse vestida y desafiar al sol con uno de sus sofocos y estupores con sabor amargo. Laclaveli, como una flor mustia a punto de marchitarse por las altas temperaturas, lucía un bañador blanco. Le había dicho ladelatienda que era el color del verano y de la sal. Ella le quitaba importancia apostillando que era más de picante. Ay, qué pilla, María del Clavel. Lamaripuri o Purimari paseaba su estrambotismo con un bañador XXXL que hacía aguas en colores naranjas, morados y verdes. Se le llenaba la boca de zumos detox diciendo que era de nueva temporada. Dicen las malas lenguas que lo compró de rebajas…

Mientras todas rivalizaban con sus modelos, Laloles, pamela al viento, se contoneaba de sombrilla en sombrilla meneando su vestido de flecos y 'mariconchas' marinas. Cuando se cercioró de que los rojos de todas estaban puestos en ella... Chas: bañador palabra de honor.
—Para que no se me queden marcas en el escote —Si no lo aclaraba, le reventaban las costuras. 
—Pues con tu tipín no entiendo como no te pones biquini, Loles… —Lamaricielo, en sus adentros, estaba encantada de ser la única que todavía desafiaba a la gravedad de sus carnes con el dos piezas.
—Vaya, ¡pues que parece que nos hemos puesto de acuerdo! —Una voz jovial irrumpió la calma. Las pijas rurales dieron un respingo digno y miraron como si fuesen actrices de los años veinte —Mira que tengo biquinis en el armario y hemos tenido que venir con el mismo, chica —María Soledad, ladeloschalés.
«Vas por ahí sin prestar atención y cae sobre ti una maldición»
Dejarse sucumbir al encanto del 2x2 del Carrefour se termina pagando caro en la alfombra verde. Las Eternas Adolescentes hicieron ‘como si nada’ y pusieron sus modelitos a remojo. 
La sensualidad natural de Lamaricielo invadió la escalerilla de la piscina y todo su aura. Ella lo sabía. Todo el pueblo lo sabía. Incluso Julio Iglesias.
«Sé lo que tengo que hacer para conseguir que tú estés loco por mí» 
Chapoteaba y reía con nerviosismo bajo la mirada del socorrista que, ajeno a sus elucubraciones, no hacía sino cumplir con su trabajo de vigilar a los bañistas. El jovencito desvió la mirada hacia el otro lado: Ladeloschalés también quiso remojarse en la escuela de calor. 
—Uy, hola —Se encontraron nuevamente en el interior de la piscina y se saludaron de manera casual, como se acostumbra en Torrevieja. Les faltó el siempre simpático y nada predecible “tú por aquí” (…y ese biquini). 
«Ven a mi lado y comprueba el tejido, más cuida esas manos, chico»
Lamaricielo volvió a ponerle ojitos al susodicho, sentado en una silla de plástico con un bañador rojo, una camiseta de manga corta blanca y una visera a juego que anunciaba “Toldos Ruiz”. Le quedaba tan ‘sumamente’ sexy… A la líder del clan se le escapó un suspiro traicionero. Ay, María del Cielo, que si no fuera porque estaba a remojo, se le hubiera visto el plumero. 
—Se va a asfixiar con la camiseta puesta a pleno sol… Dan ganas de quitársela. 
“El resto”, menos Lamaca, también se unió al chapuzón. Laclaveli metió solo los pies, pero Lamaripuri o Purimari quiso meter todas sus dimensiones. Resbaló en el último peldaño de la escalerilla. Con tres litros menos en la piscina, cualquiera fingía ahogamiento…
«No des un mal paso, no des un mal paso, esto es una escuela de calor»
Laloles prefirió engatusar al socorrista desde tierra, sin percatarse de que Lamaricielo nadaba desesperadamente dirección a su presa.
—Que le vas a distraer —El ansia posesiva y acaparadora la hizo tragar agua y toser. Ladeloschalés también comenzó su largo. Sentía la necesidad de demostrar que los diez años que se llevaban de diferencia pasaban factura en las curvas y en el contoneo de telas. Y que el biquini le quedaba mejor.
«Deja que me acerque, deja que me acerque a ti, quiero vivir del aire, quiero salir de aquí». 
La canción retumbaba en la mente de María del Cielo, que tenía organizada una movida madrileña de las intensas. Menos mal que el maquillaje era waterproof. El bordillo se acercó a ella y Lamaricielo le hizo honores apoyándose como si fuera la tarima del Rock-Ola. Desafío al mareo con otro chupito de agua clorada calentita. Con arte y mucho estilo, disimuló el jadeo de perrillo mojado y le dedicó al joven una sonrisa deseosa, morbosa e increíblemente satisfecha.
—¿¡Y Lasole!? —Laloles acompañó a su estridente tono de voz con dosis de exageración y melodramatismo.  
El socorrista se quitó la camiseta y se zambulló en la piscina como un deseo hecho realidad. Pero la suerte no era de María del Cielo. Ladeloschalés asomó del agua cual pececillo agorero.
—¿No le irá a hacer el boca a boca? Porque está perfectamente. ¡Lo ha hecho pa’ conquistarte! —Lamaricielo fingió un chiste por no echarse a llorar, pero pasó desapercibido. Sólo una persona se percató de su presencia.
—Cielo, anda, salte del agua y vámonos pa’ casa, que hay que cenar —El Convenido. Su marido.
Informaba la canción de que «hay tribus ocultas esperando a que caiga la noche, que esa paloma sobrevuela en peligro y aprendió en una escuela de calor”. Impuestos e impostados continuaban fieles a la cita los últimos de secano. Testigos mudos del imaginero popular de aquel pueblo perdido en una carretera nacional.



miércoles, 26 de junio de 2019

Al compás implacable del tiempo

Una ráfaga de instante y las manecillas pisan acelerador. Marcan implacables el compás del tiempo. A veces embaucan al suspiro. Otras empujan al devenir de su ritmo. Un dejarse llevar que define sigiloso y discreto los pasos superfluos de la vida; aunque ella se aferre delirante a mantener su utopía.

Una ráfaga de instante y las manecillas pellizcan hasta el vacío más vacuo del espacio. Señalan impetuosas exigiendo respuestas y en sazón de la corriente, las sentencias que obtienen son apelaciones en cubierta y encubiertas. 

Una ráfaga de instante y las manecillas dictan el Destino que ya advertían las señales. La fantasía se confabula con la nostalgia en un abrazo eterno. Solo queda evocar aquel momento en que las miradas se cruzaron por primera vez.


viernes, 12 de octubre de 2018

Aquella casita amarilla


Lloró en tempestad, 
también en calma.

Olvidada, lloró a la Ausencia
su muerte
y la distancia.

A veces con compañía, 
y siempre con Soledad.

Lloró adioses
y a Dioses.
Al miedo, 
sus nervios
y la Promesa.

Aquella casita amarilla 
lloró tanto y tan diverso,
tanto y por nada...

Que, consumida y con su vida,
lloró lento y también deprisa.
Lloró poemas
y, por llorar,
lloró hasta sonrisas.



lunes, 18 de septiembre de 2017

La señora

Que la muerte es bella cuando llega
si en vida no disfrutas de su ausencia.



jueves, 6 de julio de 2017

Diario de una mente suicida I

Episodio 1: 6 de julio de 2017 - Dos mujeres

En esta mañana lluviosa de julio, me fumo un cigarro en la repisa de mi ventana mientras dibujo la vida al óleo.

Y te pienso. 


Tú tan rápido, yo tan deprisa, 

que el cigarro se consume.

Como mi vida.


Y te pienso.

En el paso del tiempo.

Dos mujeres me hablan,

me dicen,
me cuentan
que no hay boceto que sirva para nada sin ti.
© MARÍA VILLAVERDE

Canción del vídeo: «Piensa en mí» - Chavela Vargas

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cruce de destinos


Cada persona tiene su historia, su ritmo y su recorrido. Historias que, aun pareciendo similares en el formato, son únicas e intransferibles. Situando la cámara en el punto en común que todas ellas comparten, se aprecia la diversidad de personalidades que confluyen. El encuadre del espacio marca unos límites, dejando que sea la propia realidad la que sorprenda. Testimonios reincidentes, dirigidos a observar, repetitivos y ensimismados se apresuran o aguardan la rutina marcada por el compás del tiempo. El destino es meta de llegada para unos, estación de salida para otros; para todos, un cruce de caminos.